Capítulo 7: “Tú me haces bien”

 

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

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Jueves Santo.

Hace unas semanas Dylan sacó una nueva canción. La hubieras amado. Tal vez no tanto luego que la pusiera por décima vez. Pero tiene ese tono, ese tono que ahora me recuerda a ti.

Me dan ganas de sacar unos cigarrillos y regresar a casa de la abuela, a ese sillón donde moríamos de amor, y fumar, pasar la tarde, y contemplar el haz de luz formado por el humo…

Esa canción tiene todo lo que sería un momento, un regalito de la vida, uno último, a tu lado. Reclamándote porque, porque nuestras promesas se esfumaron como el humo de esos cigarros… porque… Y tú solo besarías mi frente, sonreirías y murmurarías “te amo” y fingiría no escucharte, para que luego, y solo luego de quedarte dormido, me acercara a tus ojos hermosos y te respondiera, “yo también”. Y me soltaras una media sonrisa…

Estás dormido ya hace 6 años. Y por más que te susurro despacito, no logro sentir ni la más mínima sonrisa. Ya no te siento más. Ni cuando pasaba meses atrás, frente a la casa de la abuela. En el viento que mueve esos árboles gigantes, ya no encontraba tu aroma…

He sentido que me has abandonado. Y yo también, ya te deje ir. Y no es que lo haya querido así. Es que es dura la vida por estas épocas, y duele mucho más, porque intento buscarte, y recuerdo que ya no estas. Y siento como si me hubieras abandonado, esta vez a propósito, y no sé desde cuándo es mi sentir.

Ya no apareces en mis sueños por más que te pienso, y pienso. Y de pronto esa melodía…

“Making promises you’ll never keep…”

Si tan solo pudiera volver a verte, si tan solo por un instante. Te diría lo mucho que te odio por haberme dejado. Y lo mucho que te extraño y lo difícil que es estar sin ti. Pero que estoy bien y que no son lágrimas. Y que no vuelvas más, y si te hacen falta razones, has de saber que este año no fui a recorrer tus absurdas estaciones, porque estoy cansada de no saber qué hacer mientras el resto reza. Que ya no fui, porque era demasiado y ya no puedo soportar no encontrarte entre tanta gente… Porque a pesar que lo prometiste, nunca regresaste para jueves santo. Me dejaste sin saber nada de ti, caminar por esas horribles calles sin sentido para nunca más aparecer…

Me haces dar tanta rabia, impotencia… Y aunque no estás aquí, si eso se pudiera cambiar, sé que me mirarías y te reirías y me dirías que soy una nena, “mi nena”…

Difuminado.

Se fue como un canto de mar…
Cómo pude llegar a pensar que solo existes tú
Un encanto del mar
Una brisa que me arrastró
Me desapareció y solo eras tú
… y yo
Se fue como un canto de azor
Cómo pudo llegar a pasar que solo existas tú
Solo un rayo del sol
Deslumbrado en la oscuridad
Dejé pasar la luz y me cegó

Una tarde se desvanece lento en el mar
Un vacío llena el alma entera en soledad

A dónde vas, mi bien

Un día llegará…
Un sueño que me abrazó
Al despertar me abandonó
Y así yo…

Se fue… se fue…
Se fue como un rayo de luz
Se fue como un canto de mar

Tu amor se fue.

I´ve fallen in love.

Curso los 27, y dije esto ya un par de veces antes, y de verdad lo sentí, con todos los huesos, con eso que llaman alma y con eso que llaman corazón. Locos, como mi juventud, amores intensos, arriesgados, rebeldes…

¿Cuantas veces te enamoras con la razón?

Y es que puede sonar un poco aburrido incluso, porque ya no lleva la emoción de una ruleta rusa, si no mas bien la tranquilidad de un viaje en bus-cama hacia lugares desconocidos… Donde me voy conociendo yo, aun mas, al tiempo que te voy conociendo a ti.

No hay magia, tan solo me pierdo en el tiempo mientras juego con tus dedos, mientras acaricio tu cara, mientras siento tu aliento.

Claro que no hay magia ni nervios, mientras me sumerjo en tus labios, en tus caricias, en tus brazos.

No hay emociones, tan solo mantengo los ojos entrecerrados mientras rozas mi cuerpo, mientras mi corazón sale a tu encuentro.

 

Este corazón ya no aguanta argumentos, tan solo miradas y hechos. Tan solo tu calor en este frío invierno, tan solo a ti…

Tu voz, tu mirada fija, me atraviesan…

– Niña, ¿qué pasa por tu cabeza cuando me tienes cerca?

– Imágenes… de nosotros en ese sillón, de nosotros en esa estación, de nosotros bebiendo café mientras llega el siguiente bus… 

– Puedo siempre decir que no hay conocimiento absoluto. Pero hoy puedo decir que sé algo. Estoy enamorado, enamorado de mi vida a tu lado.

El amor, es momentáneamente cierto.  Los sueños del futuro cuelgan sin aliento…   Si es que no estas en mi vida, si no estas aquí en este lugar,                                     firme a mi lado…