Los demonios sueltos.

Aceptar ayuda, era aceptar mi derrota. Aceptar que no era capaz de continuar esta lucha por mis propios medios. Aceptar ayuda, dolio mucho mas que el zapateo de todos aquellos que habitaban mi mente.

Aceptar ayuda fue dejar salir todos los demonios entre cuatro paredes. Y tener entre mis dedos aquello que me sacará del sufrimiento, o me anestesiará la mente para no sentir más.

Y el arma está aquí, a lado mio, pasa la noche velando mi sueño. La observo día a día, y me pregunto, ¿cuándo sucederá?

I’m only waiting if you stay.

Don’t go.

Quédate aquí conmigo en el portal, solo un rato más.

Déjame probar de tu boca,           el sabor a libertad.

Déjame sentir tus manos en mi cintura, sentirme segura.

Acerca tus labios a mi hombro e inhala mi vida, quédate con ella.

Permite al mundo contemplar este lienzo cálido de susurros al viento, este momento donde todo es perfecto.                                                          Solo por un momento.

Dame un beso con marcada nostalgia de no saber si volverás, de no saber si me encontrarás…

Asi que mirame contornear mi cuerpo mientras me alejo, con esos ojos hermosos que saben expresar exactamente lo que siento.

Dame esa última mirada mientras aprieto fuerte los labios, conteniendo mis deseos de correr de nuevo a tu encuentro.

Que grises son los días soleados…

No me des tu compasión. Tu pena, ni tu aliento. Si al final, soy yo, y sólo yo, quien está sentada en esta sala.

No me des ánimos, ellos no me sacarán de aquí. No me ofrezcan su mano, si me soltara cruzando la puerta.

Nada hacen las palabras bonitas. No necesito tarjetas ni flores ni globos… sólo necesito salir, y si lo que me den no me ayuda a hacerlo…. sólo ahorrense el esfuerzo.

Bodas de madera.

Me causa gracia y a la vez decepción cada que leo frases tipo: uno elige ser feliz, es tu elección al despertar. Vive el presente, no en el pasado ni en el futuro… ¿De què me hablan? No tienen ni idea…

Me recuerdo sentada en esa sala, completamente asustada.

El camino de regreso fue largo, callado, y jamás hablé del tema, con nadie. Nunca. Ni siquiera hoy.

Una sombra se había acercado a mí años atrás, en una estación de bus, en una banca de una plaza con un monumento al Holocausto, y nunca me dejó. Solía decir, en broma, que estaba en mi crisis existencial post universidad, y, entre risas me iba por la tangente. Y es una mala costumbre, que mantengo incluso hoy.

Son cinco años ya, desde mi apertura de historial. Cinco. Recuerdo los primeros meses. Pronto iba a acabar. Y luego, vinieron más, y más.

Me habian lanzado al mar con un flotador, y la corriente me llevaba cada vez más lejos de la orilla. O algo asi…

Cada vez encontraba menos lógica mientras me hablaban. Las palabras se convierten en una serie de sonidos que no llego a comprender. Y van subiendo el tono, “¿en que piensa señorita? Señorita, ¡¿Me escucha?!”. Y solo hay silencio y un bolígrafo escribiendo.

Leì alguna vez, que los sentimientos más puros, sinceros y bellos, son aquellos que no se pueden explicar con palabras. Pero, ¿qué tiene esto de bello?. ¿Porque he de cargar esta cruz?, ¿porque, a pesar de tantos años de lucha, me sigue acorralando en noches como esta?

El demonio mas grande esta dentro de uno mismo, a veces duerme, tranquilo, a veces lleva sus manos contra tu cuello, y presiona, presiona. ¿Cómo explicar?

Solo espero que caiga la noche y descansar… Pero, a veces, siento al despertar, el telón de la noche, no el día… noches largas… y no siento nada. Un vacío en el pecho, con un tono ácido.

Son más de cinco años, ¿cuanto tiempo mas debo probar que no me quiero ir de acá? Llego a pensar que no soy bienvenida, que no pertenezco aquí. Y vuelve el silencio, el vacío, la nada y el miedo.

Ha despertado de nuevo.

What a lonely night to exist.

Hace frío hoy en casa.

Te marchaste hace algunas horas, y ya siento tu ausencia infinita.

Tu adiós fue una puerta golpeada con fuerza. Tu adiós fue nuestra foto quebrando el tiempo.

Te marchaste hace unas horas, y te llevaste el calor de hogar y la cuenta del gas sin pagar…

Disculpa por el desorden en mi vida. Sé que ya poco importa. Tus gavetas vacías me lo dijeron. Y nada importa. Puedo botar las flores viejas del florero de la abuela, y aún así. Ya nada importa.

No volviste la mirada ni un segundo, ni para ver de reojo el desastre que dejabas. Sólo dejaste las llaves sobre el polvo de la recamara….