Que grises son los días soleados…

No me des tu compasión. Tu pena, ni tu aliento. Si al final, soy yo, y sólo yo, quien está sentada en esta sala.

No me des ánimos, ellos no me sacarán de aquí. No me ofrezcan su mano, si me soltara cruzando la puerta.

Nada hacen las palabras bonitas. No necesito tarjetas ni flores ni globos… sólo necesito salir, y si lo que me den no me ayuda a hacerlo…. sólo ahorrense el esfuerzo.

Bodas de madera.

Me causa gracia y a la vez decepción cada que leo frases tipo: uno elige ser feliz, es tu elección al despertar. Vive el presente, no en el pasado ni en el futuro… ¿De què me hablan? No tienen ni idea…

Me recuerdo sentada en esa sala, completamente asustada.

El camino de regreso fue largo, callado, y jamás hablé del tema, con nadie. Nunca. Ni siquiera hoy.

Una sombra se había acercado a mí años atrás, en una estación de bus, en una banca de una plaza con un monumento al Holocausto, y nunca me dejó. Solía decir, en broma, que estaba en mi crisis existencial post universidad, y, entre risas me iba por la tangente. Y es una mala costumbre, que mantengo incluso hoy.

Son cinco años ya, desde mi apertura de historial. Cinco. Recuerdo los primeros meses. Pronto iba a acabar. Y luego, vinieron más, y más.

Me habian lanzado al mar con un flotador, y la corriente me llevaba cada vez más lejos de la orilla. O algo asi…

Cada vez encontraba menos lógica mientras me hablaban. Las palabras se convierten en una serie de sonidos que no llego a comprender. Y van subiendo el tono, “¿en que piensa señorita? Señorita, ¡¿Me escucha?!”. Y solo hay silencio y un bolígrafo escribiendo.

Leì alguna vez, que los sentimientos más puros, sinceros y bellos, son aquellos que no se pueden explicar con palabras. Pero, ¿qué tiene esto de bello?. ¿Porque he de cargar esta cruz?, ¿porque, a pesar de tantos años de lucha, me sigue acorralando en noches como esta?

El demonio mas grande esta dentro de uno mismo, a veces duerme, tranquilo, a veces lleva sus manos contra tu cuello, y presiona, presiona. ¿Cómo explicar?

Solo espero que caiga la noche y descansar… Pero, a veces, siento al despertar, el telón de la noche, no el día… noches largas… y no siento nada. Un vacío en el pecho, con un tono ácido.

Son más de cinco años, ¿cuanto tiempo mas debo probar que no me quiero ir de acá? Llego a pensar que no soy bienvenida, que no pertenezco aquí. Y vuelve el silencio, el vacío, la nada y el miedo.

Ha despertado de nuevo.

What a lonely night to exist.

Hace frío hoy en casa.

Te marchaste hace algunas horas, y ya siento tu ausencia infinita.

Tu adiós fue una puerta golpeada con fuerza. Tu adiós fue nuestra foto quebrando el tiempo.

Te marchaste hace unas horas, y te llevaste el calor de hogar y la cuenta del gas sin pagar…

Disculpa por el desorden en mi vida. Sé que ya poco importa. Tus gavetas vacías me lo dijeron. Y nada importa. Puedo botar las flores viejas del florero de la abuela, y aún así. Ya nada importa.

No volviste la mirada ni un segundo, ni para ver de reojo el desastre que dejabas. Sólo dejaste las llaves sobre el polvo de la recamara….

Vivir, sólo cuesta vida.

Ya no queda más que frío. 

Una cama sin sábanas, sin alma ni almohadas.

No hay más que el vacío, que la nada. No queda nada.

Tan sólo los que, muy a pesar, decidimos quedarnos por aquí un tiempo más, y seguir luchando. Y luchar contra corriente. Como siempre.

Quedamos los que despertamos en días nublados, y en la neblina tratamos de buscar un significado. Y no lo encontramos…

Pero aún así, aquí estamos. En la terraza del caserón, con tasas de café y vasos de ron.

Y sí, describo la imagen que contemplo, de un día gris desordenado.

Mi corazón está como enjaulado, y no, no pasa nada.

Jueves Santo.

Hace unas semanas Dylan sacó una nueva canción. La hubieras amado. Tal vez no tanto luego que la pusiera por décima vez. Pero tiene ese tono, ese tono que ahora me recuerda a ti.

Me dan ganas de sacar unos cigarrillos y regresar a casa de la abuela, a ese sillón donde moríamos de amor, y fumar, pasar la tarde, y contemplar el haz de luz formado por el humo…

Esa canción tiene todo lo que sería un momento, un regalito de la vida, uno último, a tu lado. Reclamándote porque, porque nuestras promesas se esfumaron como el humo de esos cigarros… porque… Y tú solo besarías mi frente, sonreirías y murmurarías “te amo” y fingiría no escucharte, para que luego, y solo luego de quedarte dormido, me acercara a tus ojos hermosos y te respondiera, “yo también”. Y me soltaras una media sonrisa…

Estás dormido ya hace 6 años. Y por más que te susurro despacito, no logro sentir ni la más mínima sonrisa. Ya no te siento más. Ni cuando pasaba meses atrás, frente a la casa de la abuela. En el viento que mueve esos árboles gigantes, ya no encontraba tu aroma…

He sentido que me has abandonado. Y yo también, ya te deje ir. Y no es que lo haya querido así. Es que es dura la vida por estas épocas, y duele mucho más, porque intento buscarte, y recuerdo que ya no estas. Y siento como si me hubieras abandonado, esta vez a propósito, y no sé desde cuándo es mi sentir.

Ya no apareces en mis sueños por más que te pienso, y pienso. Y de pronto esa melodía…

“Making promises you’ll never keep…”

Si tan solo pudiera volver a verte, si tan solo por un instante. Te diría lo mucho que te odio por haberme dejado. Y lo mucho que te extraño y lo difícil que es estar sin ti. Pero que estoy bien y que no son lágrimas. Y que no vuelvas más, y si te hacen falta razones, has de saber que este año no fui a recorrer tus absurdas estaciones, porque estoy cansada de no saber qué hacer mientras el resto reza. Que ya no fui, porque era demasiado y ya no puedo soportar no encontrarte entre tanta gente… Porque a pesar que lo prometiste, nunca regresaste para jueves santo. Me dejaste sin saber nada de ti, caminar por esas horribles calles sin sentido para nunca más aparecer…

Me haces dar tanta rabia, impotencia… Y aunque no estás aquí, si eso se pudiera cambiar, sé que me mirarías y te reirías y me dirías que soy una nena, “mi nena”…

Sueños son.

De un tiempo aquí me encuentro en el dilema de dormir un día entero o despertar a todos con café fresco.
Pasa que la vida nos da estos vuelcos y nos arranca partes, como una bestia salvaje que por momentos parece dormir en nuestro regazo, y parece tranquila, hasta que despierta de hambre para continuar.
La vida me ha arrancado muchas partes, muchas…
De momento cuando duermo, mi subconsciente me regala la voz y los abrazos de los que ya no están, y quisiera no despertar. Todo parece tan real. Esas manos, esa voz, ese “todo estará bien”… y despierto en este mundo donde todos están apurados por llegar, llegar todos al mismo lugar, y aparecer por minutos en mis sueños…
Y sólo quisiera dormir…