Vulnerable.

Eres como un sueño, del que despierto y solo quiero volver a soñarte, volver a sentirte…

Y te he extrañado, y no quería aceptarlo, porque siempre es más fácil hacer como si nada, y nada, porque a pesar de los esfuerzos, nada, seguía ahí, extrañandote.

Y dirás ¡qué inconsistente!, porque, vamos, ¿qué quiero finalmente?… ni yo lo se.

Tal vez solo quiero verte preguntándome si eres tu a quien quiero, y ya, omitir una respuesta mientras te beso.

Y, tal vez es eso, tal vez eso es todo lo que quiero, que pases horas diciendome cosas cursis, cursis, y yo solo ocultarme en ese espacio hermoso y calientito entre tu hombro y tu cuello. Y susurrarle cosas cursis, cursis, a tu corazón. Tal vez solo quiero eso, ese espacio que casi ya es mío, tal vez solo quiero posicionarme ahí un buen rato, sentir tu corazón, con tu melodía… esa que acelera cada vez que te beso…

No con esto digo que te quiera a ti, no. Solo quiero ese espacio, que es mio, y se encuentra en tu cuerpo. Solo quisiera poder respirar de él un rato, por las mañanas. Y al dormir, que tararee una voz que viene de él mientras unas manos acarician suavemente mi espalda. Y no con esto digo que te quiero a ti, no te confundas.  Solo quisiera, aquí, en este momento, a mi lado, a ese ser humano, a esa voz, a esos ojos, a ese espacio, a tu calor, digo, a ese calor, que proviene de ese ser, que de casualidad tiene una voz muy parecida a la tuya, pero no eres tu.

 

Enough…

Sabes que se trata de dolor, por que “suficiente” es una palabra que no corresponde a la felicidad.

Pudiste haberme ahorrado unas lagrimas…

Pero, en fin, imagino que todo es así, y ya.

Solo decirte que estos días pienso mas en ti.

En tu forma de ser conmigo.

Y me pregunto, ¿porque no puedo yo ser así también? Parece fácil…

Pero imagino que no todos tienen esa “cualidad”…

Guerra avisada…

Era yo, esa frase retumbó por horas en mi cabeza, “soy yo”.

Te llamé, porque no sabía a quien mas acudir… ¿por qué ni siquiera supiste valorar eso?

– Soy yo… y, ¿ahora?, ¿qué hago? ¿Qué podría hacer?…. no sé… aún no existen las máquinas del tiempo. Hay algo en mi, y quiero arreglarlo, debe ser algo mio que debo cambiar…

– Eres buena, aunque no lo quieras aceptar. Aunque te hagas la ruda y me digas que no te gustan los niños, y ya han pasado como tres y todos, sin excepción, te han sonreído y saludado, hasta ellos lo saben. El problema es que el mundo no es así. Nadie. Debes ser la única persona en el planeta que se pone en los zapatos de los demás, incluso para entenderlos cuando te hacen daño o te tratan mal, e incluso les extiendes la mano.. vamos, ¿en serio?, no se como calificarlo, has de ser muy tonta o una santa. Pero date cuenta, lo que hizo fue pedirte que sostuvieras el puñal con el que después te sorprendería… Incluso yo, que te he dicho mis intenciones, estás aquí, ¿lo ves?, me das pena, pero a la vez eres admirable. ¡¿Cuantos puñales llevas en la espalda?!. Deben estar atravesando tu alma, y sigues aquí, aún. Y aunque me digas que no tenemos alma, que es un invento, bien sabes lo que se siente.

Con cada palabra me desmembrabas, limb by limb… Y yo que tenía tanto por decirte, recordé tus intenciones, ¿qué sentido tenía entonces? ¿por qué te busqué?… debí irme sola, y ya. Total, no era gran esfuerzo… Siempre puedo inventar un amigo que me cuida para tranquilidad de mis padres… Pero, no.

Ahi estabas tu, y tu voz que ya no recuerdo, y tu humanidad que solía darme calor en este invierno que acaba. Ahi estas tu, dispuesto, al precio que valga, hacerme entender que debía ser como tu. O como todos aquellos que van por la vida, egoístas e individualistas. Y tus teorías socialistas eran nada, tan solo un invento para entrar en mi vida.

Y, sabes, fui yo.

Al final, fui yo.

 

Los demonios sueltos.

Aceptar ayuda, era aceptar mi derrota. Aceptar que no era capaz de continuar esta lucha por mis propios medios. Aceptar ayuda, dolio mucho mas que el zapateo de todos aquellos que habitaban mi mente.

Aceptar ayuda fue dejar salir todos los demonios entre cuatro paredes. Y tener entre mis dedos aquello que me sacará del sufrimiento, o me anestesiará la mente para no sentir más.

Y el arma está aquí, a lado mio, pasa la noche velando mi sueño. La observo día a día, y me pregunto, ¿cuándo sucederá?

I’m only waiting if you stay.

Don’t go.

Quédate aquí conmigo en el portal, solo un rato más.

Déjame probar de tu boca,           el sabor a libertad.

Déjame sentir tus manos en mi cintura, sentirme segura.

Acerca tus labios a mi hombro e inhala mi vida, quédate con ella.

Permite al mundo contemplar este lienzo cálido de susurros al viento, este momento donde todo es perfecto.                                                          Solo por un momento.

Dame un beso con marcada nostalgia de no saber si volverás, de no saber si me encontrarás…

Asi que mirame contornear mi cuerpo mientras me alejo, con esos ojos hermosos que saben expresar exactamente lo que siento.

Dame esa última mirada mientras aprieto fuerte los labios, conteniendo mis deseos de correr de nuevo a tu encuentro.

Que grises son los días soleados…

No me des tu compasión. Tu pena, ni tu aliento. Si al final, soy yo, y sólo yo, quien está sentada en esta sala.

No me des ánimos, ellos no me sacarán de aquí. No me ofrezcan su mano, si me soltara cruzando la puerta.

Nada hacen las palabras bonitas. No necesito tarjetas ni flores ni globos… sólo necesito salir, y si lo que me den no me ayuda a hacerlo…. sólo ahorrense el esfuerzo.

Bodas de madera.

Me causa gracia y a la vez decepción cada que leo frases tipo: uno elige ser feliz, es tu elección al despertar. Vive el presente, no en el pasado ni en el futuro… ¿De què me hablan? No tienen ni idea…

Me recuerdo sentada en esa sala, completamente asustada.

El camino de regreso fue largo, callado, y jamás hablé del tema, con nadie. Nunca. Ni siquiera hoy.

Una sombra se había acercado a mí años atrás, en una estación de bus, en una banca de una plaza con un monumento al Holocausto, y nunca me dejó. Solía decir, en broma, que estaba en mi crisis existencial post universidad, y, entre risas me iba por la tangente. Y es una mala costumbre, que mantengo incluso hoy.

Son cinco años ya, desde mi apertura de historial. Cinco. Recuerdo los primeros meses. Pronto iba a acabar. Y luego, vinieron más, y más.

Me habian lanzado al mar con un flotador, y la corriente me llevaba cada vez más lejos de la orilla. O algo asi…

Cada vez encontraba menos lógica mientras me hablaban. Las palabras se convierten en una serie de sonidos que no llego a comprender. Y van subiendo el tono, “¿en que piensa señorita? Señorita, ¡¿Me escucha?!”. Y solo hay silencio y un bolígrafo escribiendo.

Leì alguna vez, que los sentimientos más puros, sinceros y bellos, son aquellos que no se pueden explicar con palabras. Pero, ¿qué tiene esto de bello?. ¿Porque he de cargar esta cruz?, ¿porque, a pesar de tantos años de lucha, me sigue acorralando en noches como esta?

El demonio mas grande esta dentro de uno mismo, a veces duerme, tranquilo, a veces lleva sus manos contra tu cuello, y presiona, presiona. ¿Cómo explicar?

Solo espero que caiga la noche y descansar… Pero, a veces, siento al despertar, el telón de la noche, no el día… noches largas… y no siento nada. Un vacío en el pecho, con un tono ácido.

Son más de cinco años, ¿cuanto tiempo mas debo probar que no me quiero ir de acá? Llego a pensar que no soy bienvenida, que no pertenezco aquí. Y vuelve el silencio, el vacío, la nada y el miedo.

Ha despertado de nuevo.

What a lonely night to exist.

Hace frío hoy en casa.

Te marchaste hace algunas horas, y ya siento tu ausencia infinita.

Tu adiós fue una puerta golpeada con fuerza. Tu adiós fue nuestra foto quebrando el tiempo.

Te marchaste hace unas horas, y te llevaste el calor de hogar y la cuenta del gas sin pagar…

Disculpa por el desorden en mi vida. Sé que ya poco importa. Tus gavetas vacías me lo dijeron. Y nada importa. Puedo botar las flores viejas del florero de la abuela, y aún así. Ya nada importa.

No volviste la mirada ni un segundo, ni para ver de reojo el desastre que dejabas. Sólo dejaste las llaves sobre el polvo de la recamara….

Vivir, sólo cuesta vida.

Ya no queda más que frío. 

Una cama sin sábanas, sin alma ni almohadas.

No hay más que el vacío, que la nada. No queda nada.

Tan sólo los que, muy a pesar, decidimos quedarnos por aquí un tiempo más, y seguir luchando. Y luchar contra corriente. Como siempre.

Quedamos los que despertamos en días nublados, y en la neblina tratamos de buscar un significado. Y no lo encontramos…

Pero aún así, aquí estamos. En la terraza del caserón, con tasas de café y vasos de ron.

Y sí, describo la imagen que contemplo, de un día gris desordenado.

Mi corazón está como enjaulado, y no, no pasa nada.