Noir.

Es como un manto negro – pensaba, mientras tomaba nota el doctor. ¿Que cómo lo siento?, bien, es un poco complicado describirlo, porque no sabe lo feliz que me hubiera hecho esto en otros años. Creo que toda mi vida espere algo así, como para satisfacer ese lado mio que siempre busca la perfección, en detalles, y eso. Hubiera sido muy feliz, y sin embargo, fue sólo un dialogo y una sonrisa superficial.  Así se siente. Como un leve vacío, donde debería existir otro tipo de sentimientos. Es como una manta negra, que no abriga y tumba a la cama, y como esas pesadillas, no me deja despertar. Pero estoy con los ojos abiertos, y veo como avanza todo y yo no puedo moverme, por mas que lo intento, es imposible casi moverme. Y lloro de la impotencia, no por pena, porque, que lindo seria sentir pena. Sólo lloro porque también quisiera vivir, y no perderme todo. Y me nublo.

Algunos días no duermo, y me quedo largas horas escribiendo, desangrándome frente a miles de hojas, hasta que las lagrimas bañan todo y respirar se hace difícil. Entonces, me juro que pondré de mi parte, y seco mis lagrimas, recupero mi agenda y escribo mis metas. Día a día, un plan para un día, y trato de darme tranquilidad, un paso a la vez, me repito. Igual mañana va salir el sol…

Algunas veces sale, y son días extraños, porque a penas me percato de ello, me pregunto cuanto durara. Otros días, sin embargo, no hay ni un poco de luz. Y me quedo ahí, con la manta negra cubriendo mi rostro. No sé si las personas tienen esos cambios normalmente. No sé si es normal estar viva unos días, y otros no. Realmente creo que no sé que es “normal”. Sé que todo se agrava cuando son muchos días seguidos, porque es como si me fuera de viaje y dejara todo a cuidado de un delincuente, y cuando regreso, veo todo destruido y me pregunto, por qué me fui, pero es pasado y no lo puedo cambiar. A veces,  después de eso viene un leve estado de resignación, calma, y de nuevo las dos vías. Vivir o no. Y el no, ni siquiera es morir… Es algo así como siente.

 

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No esperar.

Quedan pocas horas, y casi es lo único que llego a cumplir, a excepción de esa serie que acabo de terminar, que espero tenga una nueva temporada.

Bien, chau 2017, no estaré aquí para decirlo.

¿Que fue de este año?

Ha sido un año liberador. No cumplí todas las metas que tenia, tengo mil cosas pendientes, pero estoy mas cerca, un par de pasos y es.

Hubo un cisma, que trajo serias repercusiones, pero que son parte del aprender.

Y tal vez mi actitud frente a ello es la respuesta para todo, “No esperar”.

Tenia que dejar de esperar que las cosas salieran como yo las había planeado. Era hora, porque, vamos, ¿cuantas cosas que he planeado hasta hoy han salido como esperaba?

Y como siempre me da risa y pena, pero es lo que hay.

Tendría que dejar de esperar que regrese alguien que simplemente nunca estuvo aquí.

Tendría que dejar de buscar, y aceptar, tal vez no es mi camino y ¡ya!

Debería hacer caso a los consejos, si, tal vez.

Creo que lo primero se me hace mas difícil, porque mientras elijo el vestido, pienso si le gustara… toma un poco de esfuerzo, imagino, dejar de pensar, pero ya el tiempo curara.

Al menos fue un año de crecimiento, de desintoxicación y mucho aprendizaje experiencial.

Al menos ya mantengo la cuenta de negatividad y criticas en una palma, para mi eso es un avance sustancial.

No hay mucha emoción por que termine el año, no es que la cuenta comience de cero pasadas las 12, me di cuenta que muchos de los dolores y angustias saltan la pagina, y ya no tiene sentido, no tengo tan mala memoria.

Pero ahí estamos, dándole, tratando de estirar muy bien las manos. y a seguir, que mañana sale el sol, y por mas que madruguemos, la marea siempre traerá algo nuevo.

“For the great doesn’t happen through impulse alone, and is a succession of little things that are brought together.”

Van Gogh (1881)

 

 

 

 

Cuando me haya ido.

Cuando llegue el final de mi viaje
y este recorriendo mis ultimas millas,
solo olvida, si puedes, que alguna vez renegué
y recuerda solo la sonrisa de los buenos días.

Olvida las palabras duras que dije;
recuerda aquellas pocas cosas buenas que hice,
olvida que alguna vez tuve dolor de cabeza
y recuerda que me divertí un montón.

Olvida que tropece y me derrumbe
y que a veces me salí del camino,
recuerda que luché muchas batallas, y algunas gané.

Y justo antes que acabe el día,
olvida el dolor que causa mi partida
que no me gustaría verte triste ni siquiera un día.

Pero en el primavera,
recoge alguna rosas del jardín,
y recuerda el lugar donde me recosté por ultima vez.

Y cuando venga la noche,
y el sol pinte de rojo el firmamento,
Madre, párate por un momento a observar y recordar
que algunos días intente dar lo mejor de mi,
Y que quedarme ya no fue una opción.

Manos abiertas

“No importa lo mucho que intentes estirar las manos, tus palmas jamás serán lo suficientemente bastas para poder sostener todo el de dolor que prosigue.”

Gracias por el consejo, pero ya sabías que al menos lo iba a intentar. Además, sabes que nunca me fue mal a la hora de declarar derrotas, como la de hoy.

Tu onda pesimista llega a ser real, y lo sabes. Pero por ahí que es mejor callar, y dejar sostener las esperanzas, al menos por un rato… en fin.

Empezaré a estirar las manos desde hoy, hasta la próxima oportunidad.

Tener alas o tener fin…

Esa inclinación, en los años
en que todas éramos niñas,
a estar mucho tiempo solas, era dulce;
a otras se les iba el tiempo en lucha,
y cada una tenía su banda,
su cercanía, su lejanía,
un camino, un animal, una imagen.
Y yo pensaba aún que la vida
nunca cesaría de hacer
que reflexionáramos.
¿No estoy en mí en lo más grande?
¿No ha de consolarme ya lo mío
y comprenderme como cuando era niña?
De pronto estoy como repudiada,
y en algo demasiado grande
se me convierte esta soledad
cuando, sobre los cerros de mis pechos,
erguido, mi sentir reclama a gritos…

Wandering.

Me encantaba la vida a tu lado, de verdad.

Me gustaba la seguridad de tu mano, de tus abrazos, de tu voz.

Me gustaban tus llamadas y visitas, aun cuando yo no te quería ver, recuerdo que venias, y te parabas por el portal, y yo sabía que estabas ahí, lo sabía, entonces salía, y todo se arreglaba.

Todas esas veces que discutíamos por tonteras, y yo avanzaba por el camino, tu siempre me seguías, ¡carajo, sí que era engreída!

Pero fue un 21 de noviembre que no apareciste más en el portal, lo dejaste de hacer…

Y yo pasaba y repasa por el comedor, mirando de reojo por la ventana, a ver si estabas ahí. Dejaste de aparecer, dejaste de llamar y de venir.

Te llevaste lo más lindo que pude dar, que puedo dar…

Te llevaste la mejor parte de mí… Bueno, lo cierto es que no te llevaste nada, porque no creo que te importara mantener algo de mí. Dejémoslo en que deje que lo mejor de mí se fuera detrás de ti y se perdiera por el camino…

Hace días fue muy triste. Mi mente viajo años atrás, y fue muy triste.

Ver los recuerdos con el corazón como lo tengo, aclara mucho los panoramas, y por eso fue triste.

Tengo una pena muy profunda acumulada. No por ti, ni por lo que fue, sino por mí. Y me digo, debe ser hermoso tener alguien que sienta así por mí… debe ser increíble…

Intentos de paz.

“Y cuando Siddharta escuchaba con atención al río, podía oír esa canción de mil voces; y si no se concentraba en el dolor o en la risa, si no ataba su alma a una de aquellas voces adentrándola en su Yo, entonces percibía únicamente el total, la unidad…”