You could not stand to see me shut down slow…

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Te extraño siempre mucho.

 

Estoy tomando un café frio y viejo, y ya no es gracioso.

Estoy sacando a pedazos mi piel, y ya no duele tanto.

Repito una y otra vez la misma canción,

No alcanzo el “Stop”.

Estoy aquí, tirada en el suelo, ¿me ves?

A veces me gusta creer que estas en esta habitación,

Entre este aire viejo y lleno de polvo.

Pero luego me invade una extraña sensación,

Siento que estás ahí, colgando de mi placar

Y la madera cruje como tus vertebras.

Y no me puedo mover,

Te veo de reojo, como un vaivén.

Y solo cierro los ojos, debes desaparecer.

Me pongo de pie y unas gotas en la boca.

Me siento en la silla que te diseñé.

Te tengo tanto miedo, pero a la vez desearía que estuvieras acá.

Desearía que me acuestes en tu regazo y empezaras a tararear…

Dap, dirirap dap, darap dap…

Que mis ojos se cerraran poco a poco.

Y entre sueños sentir tu barba descuidada, tus dedos por mi espalda.

Me haces tanta falta…

Desde nunca, hasta siempre.

Para mi es más triste aún, porque sé que no es el temporal. Esto no es una tormenta, luego no habrá sol. Y es triste porque lo sé, porque no habrá más por decir ni por hacer. Porque no hay donde más escribir. Y era tan triste ya, pero es la verdad.

Esas últimas palabras no fueron suficientes, aún tenía mucho que decir, tanto, tanto, que ya lo olvidé. Y es que las despedidas, todas, deberían ser memorables. Aquellos sellos que perpetúan el momento, el instante y el sentimiento. Un simple “hasta siempre, corazón” hubiera bastado, aunque no fueras mi corazón.

Para mí siempre será más triste, y es que no existe un lugar donde me pueda aproximar a ti, y es que no existe otra manera ya…

Tu ausencia.

Hay días grises, como hoy, como tus ojos…

Como tu ausencia.

 

Soñé que tapabas mi alma con un manto frio

Y te quedabas ahí, sentado.

 

Anhelo tanto tu regreso. Te pienso…

Y un hormigueo me dice que no, no volverás.

 

Me enferma saber la respuesta

Hay cosas que es mejor no saber,

Porque te calan y calan el alma.

Pero es tarde.

 

He botado tus cenizas lejos de mí

Pero vuelves y vuelves

Como una lanza

Vuelves.

Y no eres tú.

No es tu sonrisa

No son tus manos

No son tus ojos…

Un recuerdo, no eres tú.

Acuerdos.

Bueno, quedemos en algo. O nos empezamos a ver a propósito, una fecha específica. O de una vez dividimos la ciudad en territorios y salvo emergencias, cruzamos fronteras.

Porque no, no puede seguir siendo casualidad. No me gustan las casualidades, porque suenan a sorpresa…

Y que si un día, ¡oh, sorpresa! y yo estoy hecha un desorden, sin maquillaje y en pijama.

No me gustan las sorpresas, no.

Deja que me arregle si quiera un poco. A lo mejor así te convenzo, no de que vuelvas, si no de que no distorsiones mi recuerdo…

Te vi.

Te vi en la tarde, y aun no me regresa el alma.

Fue como ver un fantasma de mi pasado,

Un fantasma bonito, guapo,

De ojos bonitos, pero serio, serio.

Con esa mirada seria, seria, levantando la cabeza para verme de reojo

Y yo que te suelto una sonrisa como si me zurrara en toda nuestra historia…

Y fue en la tarde, y aun, te sigo pensando.

Me has removido la realidad con una mirada,

Me has caído como un tumbo.

Y me he encontrado diciendo “¿que no daría porque me escribiera de nuevo?”,

Que no daría por saber de ti…

Pero no, y tal vez es mejor,

Así te dejo de idealizar, así te retiro de esa estampilla de mil…

Como echas al carajo todo,

y como ni siquiera te importa.

Tengo que decirlo, entre los dos, ganaste tú.