Los demonios sueltos.

Aceptar ayuda, era aceptar mi derrota. Aceptar que no era capaz de continuar esta lucha por mis propios medios. Aceptar ayuda, dolio mucho mas que el zapateo de todos aquellos que habitaban mi mente.

Aceptar ayuda fue dejar salir todos los demonios entre cuatro paredes. Y tener entre mis dedos aquello que me sacará del sufrimiento, o me anestesiará la mente para no sentir más.

Y el arma está aquí, a lado mio, pasa la noche velando mi sueño. La observo día a día, y me pregunto, ¿cuándo sucederá?

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