Vivir, sólo cuesta vida.

Ya no queda más que frío. 

Una cama sin sábanas, sin alma ni almohadas.

No hay más que el vacío, que la nada. No queda nada.

Tan sólo los que, muy a pesar, decidimos quedarnos por aquí un tiempo más, y seguir luchando. Y luchar contra corriente. Como siempre.

Quedamos los que despertamos en días nublados, y en la neblina tratamos de buscar un significado. Y no lo encontramos…

Pero aún así, aquí estamos. En la terraza del caserón, con tasas de café y vasos de ron.

Y sí, describo la imagen que contemplo, de un día gris desordenado.

Mi corazón está como enjaulado, y no, no pasa nada.

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