Domingo de resurrección 

Voy a hacer un ¡Salud! por los borrachos, por los que ahogan en alcohol sus penas, por aquellos que navegan en un vaso y han hecho de la noche una quimera.

Voy a hacer un ¡Salud! por los suicidas. Por los que quieren de alguna y sola vez morirse, pero morirse bien, dejar la vida sin intentar después arrepentirse.

Voy a hacer un ¡Salud! por los amigos, pero no por aquellos de etiqueta, por aquellos que han servido de testigos cuando he muerto, por ahí, en alguna mesa.

Voy a hacer un ¡Salud! por esta noche, y porque hayan mil momentos como estos, donde poder compartir con quien conoce del mundo sus virtudes y defectos.

Voy a hacer un ¡Salud! por quien conserva en un cofre dorado su “decencia”, aunque vaya de mierda embadurnado como cualquier habitante del planeta.

Voy a hacer un ¡Salud! por mi enemigo, porque le vaya bien, porque lo espero, aunque jamás compartirá conmigo ningún amanecer en ningún pueblo.

Voy a hacer un ¡Salud! por quien me cobra a precio de oro el trago que me bebo, pero quiero que sepa que no importa pues eso es parte de la vida de un bohemio.

Voy a hacer un ¡Salud! por la esperanza, que no debe dejar de latir en ningún pecho. Si la vida nos pone en la balanza, en la balanza de la vida nos pondremos.

Quisiera alzar mi copa, finalmente, por los que no he nombrado en estos versos. Por los vivos, demás, o simplemente por la sagrada memoria de los muertos.
Quiero alzar esta copa, amigos míos y decirles con ella que los quiero.

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