Retreat.

– ¿Bailas?

– Si, pero hoy no.

– ¿Qué pasa contigo? No te pido matrimonio, solo bailar una canción.

– …

Retomaste tu camino. Pensé bueno, eso fue todo. Pero regresaste con tu copa de algún coctail horrible y te sentaste a mi lado.

Durante aproximadamente 15 minutos estuvimos en estado mutis absoluto. Lo sé, porque fueron aproximadamente 6 canciones que cambiaron, cuatro veces que los mozos pasaron. Y, ademas, que miraba el teléfono a cada rato.

– Tienes el silencio mas incomodo de este mundo. ¿Qué ha pasado contigo, niña?

– La vida.

Volteó a mirarme, tratando de buscar mi mirada perdida, sosteniendo la suya durante un instante. Se volvió a ir, y regreso con su saco.

– ¿Nos vamos?

Así que cogí mi cartera y salimos. Existe un momento en el que te percatas que todas las cosas que estas haciendo están mal. Como si una vocecita, con tono de mamá, te dijera “detente”. Había estado tomando, mi celular casi ya no tenia batería, era un total desconocido a quien veía religiosamente lunes y martes, tratando de hablarme, sin poder lograr su cometido. Era alguien a quien en silencio había observado los últimos dos meses, y de quien probablemente si sabia mas de la cuenta. Pero no lo conocía.

– La vida, me pregunto ¿Qué le puede hacer la vida a una niña como tu? – Con ese tono sarcástico de sabelotodo. Yo permanecí en silencio – ¿Vamos a tomar un café?

Encendió el auto y nos fuimos, me tome la libertad de subir le volumen a la radio. Llegamos, bajamos y me pidió un expresso. – Si la vida te sabe a esto, me avisas – y solté la primera carcajada, esa burlona que siempre “ofende”. Nos sentamos y su ronda de preguntas empezó.

Eres muy pasional, ese es tu problema. Te aseguro que si te digo en este momento que escapemos de todo, lo harías. Aceptarías la propuesta.

– ¿A dónde me llevarías?

No tenia nada que perder, ya todo lo había perdido, todos estaban fuera de la ciudad. No tenia nada programado, ¿Que podría perder? pensé. Así que pasamos a recoger algo de ropa, y nos fuimos. Siguió mi única instrucción: “Sorpréndeme”

Ya con 30 minutos de camino me auto-autorice a buscar algo de música en su celular. ¡Que ridículo fondo de pantalla! murmuré. Y el había regresado a ese mutis desconcertante. Que venga lo que sea, pensé. Y no era tan grave, una gama de trova revolucionaria que iba bastante bien. Hasta que nos encontramos cantando Ojalá a todo pulmón. ¿Que esta sucediendo?

Llegamos a buscar una habitación. Que frió de mierda. Salimos a caminar por el malecón, con las frazadas del hotel. La poca gente que quedaba en esa tarde de pueblo fantasma murmuraban a nuestro paso, nos miraban.

Llegamos a la orilla del mar, de una playa repleta de albatros y gaviotas, tentativas de algo de comida que pudiéramos tener. Cerré los ojos para concentrarme en las olas del mar.

– ¿Qué haces?

– ¿Realmente estas lleno de preguntas, filosofo de mierda? – Yo tan sutil como siempre, recuerdo su rostro completamente desencajado. Y mas cuando empece a gritar – ¡Cállate! ¿Qué haces? – Jamas me divertí tanto, porque el también empezó a gritar “¡Estás loca!” Con el eco en las rocas se formo una suerte de concierto digno de algún manicomio. La voz se iba cansando, y entramos a un silencio imprevisto.

Soy de ese tipo de personas, a quien le preguntas con un tono grave “¿Estás bien?” y automáticamente echo a llorar. Si, estoy jodida. Y eso pasó.

Hacia meses que no lloraba, no recordaba la ultima vez que lo hice, ¿seis?, ¿Siete? Todo estaba avanzando muy rápido, y aunque en su mayoría eran cosas muy buenas las que reemplazaban las malas, estaba acostumbrada a que nada saliera como yo quisiera, y eso choca. Estaba acostumbrada a fallar, y de pronto sentía que había saltado del puente, pero no sabia si el hilo iba a soportar mi peso. Así, al abismo, perdida.

¿Quién era este extraño que cargo el tanque del carro, y me llevo hasta la playa en pleno invierno? ¿Quién era esta persona? ¿Parte del cambio positivo? ¿o ya el fondo?

Regresamos al hotel, y menciono algo de un tamalito, mariconadas pensé. Pero me envolvió con las frazadas y me llevo cargada a la cama. Era un tamalito de mi. Pensé que me besaría, que nos perderíamos. Sin embargo, se quedo ahí, tranquilo, mutis.

 

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