Lo cotidiano.

“Pero tienes razón, no cometamos la vieja inepcia de potenciar el futuro, ya bastante futuro estropeado para siempre llevo acumulado en la ciudad y fuera de la ciudad y en cada poro. Sabes, me das una especie de felicidad funcional, de razonable humanidad cotidiana, y es mucho, y te lo debo solamente a ti que eres como un caballito fragante. Pero hay momentos en que me siento un cínico, en que los tabúes de la raza me muestran las pinzas; entonces pienso que hago mal, que te dosifico, si me permites el término, que abuso de tu alegría, te pongo ahí y te aparto, te tapo y te destapo, te llevo conmigo para después dejarte caer cuando es la hora de estar triste o estar solo. Y tú en cambio jamás has hecho de mí un objeto, a menos que en el fondo me tengas lástima y me guardes como una buena acción cotidiana, tu mérito de girl-scout o algo así…”

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