Cuerda.

“No señor, usted sé equivoca. Me acusa siendo yo inocente. Yo nunca quise matar el caballo, el ya estaba así cuando llegué, ahí sentado.Yo nunca pretendí ofenderle, por el contrario. Sólo admiré sus rojas botas.
Decidió el entonces acabar con su vida. Tirándose del quinto piso. Confundiendo las botas por alas. Pobre animal más bien, estafado por viles lentes negros, que aprovechando su ceguera, vendieron botas por alas.
Pobre animal entonces, sin alas fue a caer en la parte trasera de su coche. Yo sólo pasaba por aquí, y paré al escuchar los sollozos del caballo “Ayuda, me han quitado las alas”.
Echóse después a andar, cabizbajo por la calles alborotadas de esta ciudad.
No señor, no me mire así, no insista con eso, yo nunca lo choque. No vuelva a llamarme así, que aquí tengo copia de un certificado en el que consta lo contrario, yo, muy señor mio, gozo de buena salud mental.”
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