“Que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver…”

«No lo entiendo, porque hace 25 días me querías, ¿verdad? Solo… solo dime que entonces, dime que, que hace 25 días aún me querías, por favor.
[…]
Cuando fui a decirte adiós al aeropuerto, ¿aún me querías?
[…]
Ya, solo dime que entonces me querías, es lo único que… es lo único que te pido.
[…]
¿Qué no puedes?
¿Cómo que no puedes?
¿No puedes decirme que me querías?
[…]
Es que… no lo entiendo, francamente, no lo entiendo….
[…]
Lo siento. (¿Por qué me disculpo?) ¿Por qué?
[…]
¿Cómo que solo…? ¿Estás solo ahora, no? ¿Estás solo, no?
[…]
No me lo puedo creer, no me lo puedo creer, no puede ser. Espero… espero que sea checa o eslovaca, no te habrás enamorado de una ingeniera de Montana.
[…]
Sí, ya, mira, ahora no me digas que no es eso, ¿me oyes? por favor.
[…]
Sí, claro que leeré la carta, es posible que hasta la enmarque, haré fotocopias y la repartiré, la enviaré al New Yorker, ¡claro que la leeré!
[…]
Ajá, pues sí mira, ahora, ahora tengo un pequeño problema, ¿sabes? Estoy en esta puta ciudad y vine aquí para estar contigo. Acepté este estúpido trabajo por ti y tú te vas a Praga y me haces esto.
[…]
Ya sé que quedamos en que lo hacía porque yo quería, ya lo sé.
[…]
No digo que seas el responsable.
[…]
No necesito que me recuerdes que aún no sé qué hacer con mi vida, ¿me haces ese favor? Simplemente eso.
[…]
Muy bien, gracias.
[…]
¿Que se ha acabado?
[…]
Es increíble, se ha acabado, tanto si te gusta como si no.
[…]
De acuerdo, de acuerdo».

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