Intentos de paz.

“Y cuando Siddharta escuchaba con atención al río, podía oír esa canción de mil voces; y si no se concentraba en el dolor o en la risa, si no ataba su alma a una de aquellas voces adentrándola en su Yo, entonces percibía únicamente el total, la unidad…”

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Te extraño siempre mucho.

 

Estoy tomando un café frio y viejo, y ya no es gracioso.

Estoy sacando a pedazos mi piel, y ya no duele tanto.

Repito una y otra vez la misma canción,

No alcanzo el “Stop”.

Estoy aquí, tirada en el suelo, ¿me ves?

A veces me gusta creer que estas en esta habitación,

Entre este aire viejo y lleno de polvo.

Pero luego me invade una extraña sensación,

Siento que estás ahí, colgando de mi placar

Y la madera cruje como tus vertebras.

Y no me puedo mover,

Te veo de reojo, como un vaivén.

Y solo cierro los ojos, debes desaparecer.

Me pongo de pie y unas gotas en la boca.

Me siento en la silla que te diseñé.

Te tengo tanto miedo, pero a la vez desearía que estuvieras acá.

Desearía que me acuestes en tu regazo y empezaras a tararear…

Dap, dirirap dap, darap dap…

Que mis ojos se cerraran poco a poco.

Y entre sueños sentir tu barba descuidada, tus dedos por mi espalda.

Me haces tanta falta…

Desde nunca, hasta siempre.

Para mi es más triste aún, porque sé que no es el temporal. Esto no es una tormenta, luego no habrá sol. Y es triste porque lo sé, porque no habrá más por decir ni por hacer. Porque no hay donde más escribir. Y era tan triste ya, pero es la verdad.

Esas últimas palabras no fueron suficientes, aún tenía mucho que decir, tanto, tanto, que ya lo olvidé. Y es que las despedidas, todas, deberían ser memorables. Aquellos sellos que perpetúan el momento, el instante y el sentimiento. Un simple “hasta siempre, corazón” hubiera bastado, aunque no fueras mi corazón.

Para mí siempre será más triste, y es que no existe un lugar donde me pueda aproximar a ti, y es que no existe otra manera ya…

Tu ausencia.

Hay días grises, como hoy, como tus ojos…

Como tu ausencia.

 

Soñé que tapabas mi alma con un manto frio

Y te quedabas ahí, sentado.

 

Anhelo tanto tu regreso. Te pienso…

Y un hormigueo me dice que no, no volverás.

 

Me enferma saber la respuesta

Hay cosas que es mejor no saber,

Porque te calan y calan el alma.

Pero es tarde.

 

He botado tus cenizas lejos de mí

Pero vuelves y vuelves

Como una lanza

Vuelves.

Y no eres tú.

No es tu sonrisa

No son tus manos

No son tus ojos…

Un recuerdo, no eres tú.