Vivir, sólo cuesta vida.

Ya no queda más que frío. 

Una cama sin sábanas, sin alma ni almohadas.

No hay más que el vacío, que la nada. No queda nada.

Tan sólo los que, muy a pesar, decidimos quedarnos por aquí un tiempo más, y seguir luchando. Y luchar contra corriente. Como siempre.

Quedamos los que despertamos en días nublados, y en la neblina tratamos de buscar un significado. Y no lo encontramos…

Pero aún así, aquí estamos. En la terraza del caserón, con tasas de café y vasos de ron.

Y sí, describo la imagen que contemplo, de un día gris desordenado.

Mi corazón está como enjaulado, y no, no pasa nada.

Jueves Santo.

Hace unas semanas Dylan sacó una nueva canción. La hubieras amado. Tal vez no tanto luego que la pusiera por décima vez. Pero tiene ese tono, ese tono que ahora me recuerda a ti.

Me dan ganas de sacar unos cigarrillos y regresar a casa de la abuela, a ese sillón donde moríamos de amor, y fumar, pasar la tarde, y contemplar el haz de luz formado por el humo…

Esa canción tiene todo lo que sería un momento, un regalito de la vida, uno último, a tu lado. Reclamándote porque, porque nuestras promesas se esfumaron como el humo de esos cigarros… porque… Y tú solo besarías mi frente, sonreirías y murmurarías “te amo” y fingiría no escucharte, para que luego, y solo luego de quedarte dormido, me acercara a tus ojos hermosos y te respondiera, “yo también”. Y me soltaras una media sonrisa…

Estás dormido ya hace 6 años. Y por más que te susurro despacito, no logro sentir ni la más mínima sonrisa. Ya no te siento más. Ni cuando pasaba meses atrás, frente a la casa de la abuela. En el viento que mueve esos árboles gigantes, ya no encontraba tu aroma…

He sentido que me has abandonado. Y yo también, ya te deje ir. Y no es que lo haya querido así. Es que es dura la vida por estas épocas, y duele mucho más, porque intento buscarte, y recuerdo que ya no estas. Y siento como si me hubieras abandonado, esta vez a propósito, y no sé desde cuándo es mi sentir.

Ya no apareces en mis sueños por más que te pienso, y pienso. Y de pronto esa melodía…

“Making promises you’ll never keep…”

Si tan solo pudiera volver a verte, si tan solo por un instante. Te diría lo mucho que te odio por haberme dejado. Y lo mucho que te extraño y lo difícil que es estar sin ti. Pero que estoy bien y que no son lágrimas. Y que no vuelvas más, y si te hacen falta razones, has de saber que este año no fui a recorrer tus absurdas estaciones, porque estoy cansada de no saber qué hacer mientras el resto reza. Que ya no fui, porque era demasiado y ya no puedo soportar no encontrarte entre tanta gente… Porque a pesar que lo prometiste, nunca regresaste para jueves santo. Me dejaste sin saber nada de ti, caminar por esas horribles calles sin sentido para nunca más aparecer…

Me haces dar tanta rabia, impotencia… Y aunque no estás aquí, si eso se pudiera cambiar, sé que me mirarías y te reirías y me dirías que soy una nena, “mi nena”…

Domingo de resurrección 

Voy a hacer un ¡Salud! por los borrachos, por los que ahogan en alcohol sus penas, por aquellos que navegan en un vaso y han hecho de la noche una quimera.

Voy a hacer un ¡Salud! por los suicidas. Por los que quieren de alguna y sola vez morirse, pero morirse bien, dejar la vida sin intentar después arrepentirse.

Voy a hacer un ¡Salud! por los amigos, pero no por aquellos de etiqueta, por aquellos que han servido de testigos cuando he muerto, por ahí, en alguna mesa.

Voy a hacer un ¡Salud! por esta noche, y porque hayan mil momentos como estos, donde poder compartir con quien conoce del mundo sus virtudes y defectos.

Voy a hacer un ¡Salud! por quien conserva en un cofre dorado su “decencia”, aunque vaya de mierda embadurnado como cualquier habitante del planeta.

Voy a hacer un ¡Salud! por mi enemigo, porque le vaya bien, porque lo espero, aunque jamás compartirá conmigo ningún amanecer en ningún pueblo.

Voy a hacer un ¡Salud! por quien me cobra a precio de oro el trago que me bebo, pero quiero que sepa que no importa pues eso es parte de la vida de un bohemio.

Voy a hacer un ¡Salud! por la esperanza, que no debe dejar de latir en ningún pecho. Si la vida nos pone en la balanza, en la balanza de la vida nos pondremos.

Quisiera alzar mi copa, finalmente, por los que no he nombrado en estos versos. Por los vivos, demás, o simplemente por la sagrada memoria de los muertos.
Quiero alzar esta copa, amigos míos y decirles con ella que los quiero.